Día 7º. Dame de beber.
Busca un lugar tranquilo, en tu casa, un parque o en la montaña.
Si tienes a disposición llévate una vela eléctrica para encenderla allí. También la Biblia y una cruz, cuadro de Jesús o icono (pintura bizantina).
Llegado al lugar, crea el espacio de oración colocando la Biblia, la vela y la imagen de Jesús (cruz, icono, cuadro).
Escucha los sonidos que te rodean, permanece un tiempo en silencio, acogiendo la vida que se te muestra en el soplo del aire, el canto de los pájaros, el movimiento de los insectos,…
Escucha tu respiración, recuerda las palabras de Dios a Moisés: “descálzate”. Descálzate de las tensiones acumuladas, de los pensamientos y las distracciones. Todo se encuentra en las manos de la Divina Providencia.
Toma en tus manos la Biblia y busca Juan 4, 6b-7.
Jesús, cansado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber”.
Imagina la escena: el pozo, el brocal, el banco de piedra, Jesús sentado, descansando, mirando alrededor, una mujer desconocida con un cántaro se acerca al pozo, su rostro, sus ojos. Dos miradas se funden: la de Jesús compasiva, la de la samaritana extrañada.
Escucha el diálogo.
Personalízalo: en estos momentos Jesús te pide que le des de beber.
Reformula la petición: (tu nombre) dame de beber.
Repite las palabras de Jesús. Te las está dirigiendo a ti ahora.
Jesús tiene sed, necesita beber de tu agua: ¿qué puedes ofrecerle?, ¿qué necesita de ti?
El diálogo continuará mostrando la sed de la Samaritana: ¿cuál es tu sed?
Habla con Jesús.
Termina con el Padrenuestro.

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