Día 9. Ponerme en tus manos.
¿Cómo definirías tu estado anímico en estos momentos?
Mira y escucha este vídeo, es la canción de Jimena Muñoz Ponerme entre tus manos (15 agosto 2021). Para ello antes realiza la señal de la cruz e invoca a Cristo te conceda el don del Espíritu Santo.
https://www.youtube.com/watch?v=OdTjRazDiKA
¿Cómo lo defines después de haber escuchado la canción?
Vuelve a escucharla anotando las frases que más te sean significativas o te ayuden en estos momentos. Aquí tienes algunas para que ores con ellas:
Ponerme entre tus manos es soltarme ante todo de las mías.
Es saber decirte vamos cuando anuncies la partida.
Es no esconderte aquello que bien clarito me pedías.
Es quedar en otras manos extendidas.
Es dejar que otro me lleve a donde solo nunca yo iría.
Es confiar que te acompaña pueda mostrarme la salida.
Es creer que el que todo lo puede poder podría.
Es aceptar la cruz que nos visita.
Es creer que tú ya estás donde yo llegaría.
Es no pedirte nada más cuando migajas bastaría.
Es no buscar más signos que los que en mí tú ya ponías.
Permanece en silencio, releyendo las frases, quedándote con alguna de ellas.
Es el momento de hablar a Jesús, de corazón a corazón: ¿qué le dices?
En una cuartilla escribe una frase, una palabra que lo resuma. Puedes acercarte al sagrario de tu parroquia y con el permiso del sacerdote, depositarlo cerca del sagrario.
Estas palabras tomadas de libro “Cridat”, “Llamado”, publicado por Juniors, moviment diocesà, te ayudarán a completar este tiempo de encuentro.
En nuestra vida hay situaciones en las que necesitamos de los otros: cuando sufrimos, cuando nos ocurre algo maravilloso; y otras en las que los demás necesitan de nosotros. También a María le ocurrió, cuando, sin entender toda la profundidad e importancia de las palabras del ángel, tuvo que fiarse de él. Se fio de Dios porque amaba a Dios. Por eso María no pudo dejar de responder a aquel a quien amaba. Y se fio de su proyecto con la confianza de que Dios lo puede todo. A cada uno de nosotros Dios nos ofrece una oportunidad distinta de la del resto de los hombres, única, particular y personal, que se realiza y se reconoce por medio de personas, situaciones y encuentros, es decir, mediaciones. A nosotros no se nos aparece un ángel, pero por otros medios Dios nos llama a algo, nos pide algo, nos encomienda una misión para nuestra vida. Ante esta llamada podemos pasar de ella o considerarlo seriamente.

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