Día 16. Dios.

 


Realiza la señal de la cruz, mientras tomas conciencia de entrar en la presencia de Dios, el espacio y el tiempo de la oración, donde no hay espacio ni tiempo, porque es entrar en el corazón de quien es eterno e infinito.

Piensa en cinco o diez palabras que definan a Dios.

Lee este texto del capítulo tercero del libro Cridat (Juniors m.d.).

“A veces, cuando pensamos en Dios, lo vemos como un ente abstracto, sin forma, lejano; como una energía que lo invade todo. Pero Dios no es así. Dios se hace presente en el día a día para guiar al hombre. El pecado es lo que hace que ese proyecto que Dios tiene para nosotros se vea frustrado. Pero él no abandona al ser humano, sino que establece una alianza con él: “Tú serás mi Pueblo y yo seré tu Dios”.

¿Cómo lo ha hecho?: A través de los hombres y mujeres que han tenido una actitud especial de apertura a la trascendencia, como fueron Abraham, Sara, Jacob, Raquel, José, Débora, Saúl, Ruth, David, Isaías, Ester, Ezequiel, Judith, Juan el Bautista, Isabel, José, María, Pedro, María Magdalena, Pablo, Lidia, etc. Hombres y mujeres que en distintos lugares y tiempos aceptaron ser mensajeros de Dios ante su gente. Al aceptar esta misión, al decir sí a su vocación, permitieron que Dios pudiera revelarse y darse a conocer al hombre; que entrara en la historia para transformarla y llenarla de vida.

Por eso la historia no es un simple devenir de acontecimientos, sino que es Historia de Salvación, porque Dios actúa, se hace presente para llevarnos a Él, en personas como Abraham, a quien Dios llamó para hacer de él un gran pueblo, el pueblo de la Alianza. Lo sacó de sus comodidades y él lo dejó todo y se lanzó a realizar una locura.

Es verdad que en el mundo sigue habiendo mucho dolor, sufrimiento, violencia, pero ¿cómo sería el mundo si no hubiera gente que le ha dicho sí a Dios y a su proyecto humanizador de la sociedad?”.

Piensa en cinco o diez palabras que definan a Dios obtenidas a partir de este texto. ¿Son idénticas? De todas ellas escoge cinco.

Hoy en día y siempre nos quejamos de que el mundo va mal y llegamos a pensar que la culpa radica en Dios. Sin embargo nos olvidamos de nuestra responsabilidad. El mundo no va a cambiar completamente, porque el pecado lo impide, pero sí puede mejorar si nosotros, tú y yo, dejamos espacio a la gracia, es decir, al amor total de Dios. Él nos llama para que lo mejoremos. No importa nuestra edad ni situación personal. Lo que nos pide es que lo cambiemos cambiando nosotros y dándonos a Él en el servicio a los demás.

Permanece en silencio y ora con esta palabra que Dios dirigió a Jeremías: “Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios” (Jr 32, 38). Tú serás mi pueblo y yo seré tu Dios.

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