Día 20. Raquel.
Persígnate en la frente, boca y pecho con la oración “Por la señal…”.
Sígnate con la oración “En el nombre del Padre,…”.
Toma conciencia de la presencia de Dios en tu mente, labios y corazón y del tiempo que vas a dedicar, cada minuto, pensamiento, palabra, … será en el nombre del Dios cristiano.
Pídele que te envíe el Espíritu Santo para que sea Él quien conduzca este tiempo de oración. La Tercera Persona de la Santísima Trinidad es el Maestro, Guía y Acompañante de toda oración cristiana.
Abre la Biblia y lee estos versículos, que encontrarás en el libro del Génesis 30, 22-24.
“Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la escuchó e hizo fecundo su seno. Ella concibió, dio a luz un hijo y dijo: Dios ha quitado mi afrenta”. Y lo llamó José, pues dijo: “¡Que el Señor me añada otro hijo”.
Pídele la gracia de confiar en su Divina Providencia.
El relato hemos de leerlo desde la mentalidad de los tiempos patriarcales, a los cuales no podemos exigirles pensasen como nosotros, mujeres y hombres del siglo XXI. Raquel es una mujer “de buen tipo y bello semblante” (Gn 29, 17) que lo tiene todo: un marido que la ama hasta trabajar de balde para su suegro siete años “que le parecieron unos pocos días, de lo enamorado que estaba” (Gn 29, 20) y otros siete, pues el suegro condicionó entregarle a Raquel si así lo hacía, además de tomar por esposa a su hermana Lía (Gn 29, 21-30). Pero constantemente sufre humillaciones por parte de su hermana y las esclavas, celosas del amor predilecto de Jacob hacia ella. Y se aprovechan de la herida que más le sangra: no tener hijos. Raquel espera y ora. Finalmente Dios le concede un hijo, José, quien será elegido por Él para conducir al pueblo a Egipto.
En tu vida, como en la de Raquel, también hay condicionantes sociales que te impiden ser completamente feliz, prejuicios y humillaciones. ¿Cuáles son o han sido?
Al mismo tiempo has sido capaz de superarlas en numerosas ocasiones, enfrentándote a ellas cara a cara y orando a Dios. ¿Cuándo ha sucedido de este modo?
José, el hijo de Raquel, es el signo de que Dios nunca abandona totalmente a quien espera en Él, pero a su tiempo. Él nos escucha en el silencio. Pero siempre hay un espacio para el misterio, es decir, nunca es del todo claro, siempre hay un rayo de tiniebla, porque somos criaturas, limitadas en nuestra mente.
Vuelve a leer el texto, repitiendo las palabras de Raquel.
Realiza un diálogo con Jesús.
Termina rezando el Padrenuestro.

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