Día 13. Proclama mi alma.
Sígnate para que el Padre abra tu mente, tus labios y tu corazón.
Pide a Jesús te envíe el Espíritu Santo a fin de poder escuchar su voz, meditarla, contemplarla y vivirla.
Descálzate de tus pensamientos respirando profundamente varias veces.
Inspira buscando atrapar la presencia de Dios en el interior de cada núcleo celular.
Entra en este vídeo:
https://www.youtube.com/watch?v=IgKBn2b_g3o
Pulsa “play”, cierra los ojos y escúchalo.
Abre los ojos, escucha y mira el vídeo.
Lee el texto. Es la oración de María, la que ella proclamó ante Isabel después de haber concebido al Hijo de Dios y realizado el viaje desde Nazaret a Ain Karem, en las proximidades de Jerusalem.
No vayas con prisa, quédate con una de las frases, la que más te ayude a orar.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humildad de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Dialoga con María, imagínate que eres Isabel. Comienza con sus palabras: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1, 42-43). ¿Qué le dices tú a María?
Es momento que hables a Dios. Cuéntale si el texto te ha gustado o no, si ha cambiado tu estado de ánimo, las frases con las que estás de acuerdo y aquellas que no entiendes o no aceptas. Es tu tiempo con Dios. También puedes aprovechar para contarle como te ha ido el día, rezar por las personas que amas o necesitan de tu oración o sencillamente permanecer en silencio, a la escucha de Quien sabe leer las letras de tu corazón, te comprende y te ama.

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