23. La Samaritana: dame de beber.

 


Cierra los ojos, sígnate lentamente, con pausa y buscando en cada trazo la presencia de Dios que habita en ti, ilumina tu mente, acrisola tus palabras, enciende tu corazón y fortalece tus manos.

Pide al Padre el don del Espíritu Santo para que te conduzca a las cisternas vacías de tu alma.

Toma la Biblia y ábrela por el relato de Jesús y la samaritana que encontrarás en Juan 4, 1-45.

Léelo íntegro, imaginando la escena, preguntando al texto qué dice y preguntándote qué dice a tu persona.

Aquí te ofrezco un fragmento:

Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José, allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber”. Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: “Si conocieras el que te dice: “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva”. Jn 4, 5-10.

Nos hallamos ante un relato de vocación. Jesús se acerca al lugar donde la mujer va a ir a por agua y le invita a realizar una acción, la mujer se resiste con objeciones, se establece un diálogo, la destinataria acepta y va a compartir con los demás el fruto del encuentro. Llamada, acompañada y enviada.

Es el momento de entrar dentro de ti en busca de las cimas interiores. Pero esta espeleología no la emprendes solo sino acompañado por el Espíritu Santo. ¿Cuáles son tus vacíos?, ¿tu sed más profunda? ¿Felicidad, compañía, paz, aceptación de ti mismo en tus mediocridades, errores y pecados pasados, duelo no aceptado de alguna persona cercana que murió, …?

Tú tienes sed, pero no eres el único. Jesús también tiene sed, “pues, por el hecho de haber padecido sufriendo la tentación, puede auxiliar a los que son tentados” (Hb 2, 18). Recuerda los momentos en los que Él padeció la sed. La penúltima palabra de Jesús en la cruz fue: “Tengo sed” (Jn 19, 26).

Establece sendos diálogos con Jesús y la samaritana, contándoles lo que has experimentado durante el tiempo de oración y pidiéndoles aquello que necesitas para responder a la llamada de Cristo.

Escucha esta canción:

https://www.youtube.com/watch?v=FxsZ1UdjQLU

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