Día 18. Abraham.



Realiza la señal de la cruz en la frente, los labios y el pecho.

Pide al Padre envíe el Espíritu Santo a tu entendimiento, memoria y voluntad para que durante esta oración todos tus pensamientos, deseos y actos sean modelados por Él y la Palabra de Dios.

Pide a Jesús te ayude a dar un pequeño paso en el camino de tu vocación que comenzó con el bautismo, siguió con la eucaristía y confirmación y continua en la forma de vida que has escogido.

Lee pausadamente el siguiente relato:

“El Señor dijo a Abraham:

-Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra.

Abrán marchó, como le había dicho el Señor, y con él marchó Lot. Abrán tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Abrán llevó consigo a Saray su mujer, a Lot su sobrino, todo lo que había adquirido y todos los esclavos que había ganado en Jarán, y salieron en dirección a Canaán”.

Génesis 12, 1-5c.

Compón en tu interior el lugar: un campamento con las tiendas de campaña, el ganado, Abraham, de pie, mirando el horizonte.

Lee por segunda vez el texto, subrayando o deteniéndote en las dos o tres frases que más llaman tu atención.

Abraham vive su vida en la rutina diaria. Es esta el lugar donde Dios le habla. A él solo le queda confiar y esperar, escuchar, aceptar las palabras de Dios y entablar con Él un camino de amistad. En la Biblia fue el primero que respondió generosamente a la llamada de Dios, por eso es considerado el padre de la fe para los cristianos, judíos y musulmanes.

Permanece en silencio. Después relaciona esta llamada, que es modélica, con tu vida y pregúntate de que espacios interiores y vitales tienes que salir para emprender el camino que Dios te marca. En este camino no vas a ir solo si tienes vínculos familiares fuertes (pareja, hijos, padres mayores), has de contar con ellos como hizo Abraham.

Pídele al Espíritu Santo que te ayude a emprender este camino, es decir, a volver a contar con Dios, saliendo de tu zona de confort. La respuesta está fuera de ti, la tiene Dios. También es importante para ello contar con un acompañante espiritual, hablarlo con un sacerdote, religiosa o religioso o una persona de fe que conozcas. Te ayudarán a concretar esta llamada.

Realiza sendos diálogos con Jesús y María, quienes acogieron la llamada del Padre con toda su persona.

Termina rezando el Padrenuestro.

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