Día 19. Jeremías.
Haz de la señal de la cruz. Vas a orar en nombre de Dios que es Padre e Hijo y Espíritu Santo.
Pide al Padre te envíe por el Hijo el Espíritu Santo, para que quien inspiró la Biblia te ilumine a fin de comprender el significado de las palabras que vas a leer.
Lee el siguiente texto. Es preferible tengas cerca una Biblia, tomando conciencia de que no vas a tomar un libro cualquiera, sino el libro sagrado, tómalo en tus manos y abre la Sagrada Escritura por la página donde se encuentra esta cita: Jeremías 1, 4-10:
“El Señor me dirigió la palabra:
-Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te constituí profeta de las naciones.
Yo repuse:
-¡Ay, Señor, Dios mío! Mira que no sé hablar, que solo soy un niño.
El Señor me contestó:
-No digas que eres un niño, pues irás adonde yo te envíe y dirás lo que yo te ordene. No les tengas miedo, que yo estoy contigo, para librarte – oráculo del Señor –.
El Señor extendió la mano, tocó mi boca y me dijo:
-Voy a poner mis palabras en tu boca. Desde hoy te doy poder sobre pueblos y reinos para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para reedificar y plantar.
Pide a Cristo la gracia de ser capaz de decir sí a Dios, a pesar de tus debilidades.
Lee de nuevo el texto y pregúntate ¿qué dice? , quedándote en una o dos frases que más te gusten. Recuerda: "Dios le llama para que los israelitas recuperen su vocación de ser hijos de Dios. Con él descubrimos la presencia de dificultades y la necesidad de permanecer fiel a Dios" (Cridat).
A partir de ellas pregúntate ¿qué te dice?
Dialoga con Jesús como lo hizo Jeremías.
Concluye la oración con Padrenuestro, realizando una pausa después de “hágase tu voluntad”.

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